Al director alemán Florian Henckel von Donnersmarck, creador del drama de espías 'La vida de los otros' (2006), le gusta experimentar con ideas provocativas y demostrar su maestría escénica. Esto significa trabajar con actores guapos, rodar escenas sexuales apasionadas y, todo hay que decirlo, generar una sensación de vacío abrumadora.
La sombra del pasado está inspirada en detalles biográficos del pintor fotorrealista Gerhard Richter, particularmente de sus años de formación en diversas escuelas de arte en la Alemania del Este y del Oeste. En un sentido más amplio, la película trata de una generación perdida después de la Segunda Guerra Mundial y en busca de un nuevo camino. Con la dirección de arte relatando el proceso hipnótico de Richter, Henckel diluye los límites y firma un film con un mensaje potente del poder transformativo de la representación. Las obras que crea Kurt, el pintor protagonista, contienen los significados políticos y de confrontación que la película explora.
Sin embargo, demasiado a menudo, 'La sombra del pasado' se siente como un melodrama acalorado, especialmente con las tramas secundarias que tratan sobre la amante de Kurt, Ellie (Paula Beer), y su padre, un profesor, ginecólogo y, sobre todo, un tipo antipático, que impide la relación. Si la peli se hubiera llamado 'Mi padre era un nazi abortista', no habría sido tan descabellado.