Todas las películas de de Philip de Chauveron tienen el mismo propósito: poner en duda el discurso de aquella rama de la izquierda francesa adinerada que habla del reparto de riquezas y se viste de Dior, a través de una comedia de líos. Hace tres años lo intentó con 'Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?', una versión actualizada de 'Adivina quién viene a cenar', con un gaullista recalcitrante en el sillón del patriarca y cuatro yernos multiétnicos. 'Con los brazos abiertos' es más de lo mismo.
Christian Clavier encarna a un escritor socialista, defensor de la Francia integradora, que una tarde, en un debate televisivo, acaba anunciando que abrirá las puertas de su mansión a cualquier familia necesitada que no tenga un lugar donde dormir. Poco se espera que esa misma noche alguien hará sonar el timbre. Todo lo que la situación pudiera tener de mordaz queda perfectamente disimulado bajo unos personajes bidimensionales, y un guión sin sutilezas, hecho con brocha gorda, en el que las réplicas inteligentes brillan por su ausencia.