El motivo del forastero misterioso que llega a una comunidad para solucionar sus problemas es uno de los temas clásicos del 'western', desde 'Raíces profundas' hasta 'El jinete pálido'. Y en esta tradición se inscribe 'Ardor', el tercer largo del argentino Pablo Fendrick, que traslada a un lugar indeterminado de la selva argentina algunos de los arquetipos y situaciones de estos relatos. La trama, casi minimalista, pone en escena a un tipo con poderes mágicos que se decide a ayudar a una familia de granjeros acosada por los terratenientes. El estilo crea un clima obsesivo, hipnótico, y hace que la selva se convierta en un personaje más. Desgraciadamente, la película acaba girando en exceso sobre sí misma, y convierte lo que parecía un universo inquietante y sugerente en un pequeño cuento folclórico, tan esquemático como repetitivo.
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