En Villa Crespo, el restaurante Trescha propone una manera contemporánea de interpretar la gastronomía argentina. Al frente está el chef Tomás Treschanski, quien, después de formarse en cocinas internacionales como Frantzén, Azurmendi y Barrafina, desarrolló una propuesta propia a partir de los productos locales, la investigación y el cruce de culturas. Su menú degustación reúne sabores, técnicas y texturas en un recorrido que cambia según los ingredientes disponibles y el trabajo de su equipo.
Reconocido con una estrella Michelin y ubicado en el puesto 36 de Latin America's 50 Best Restaurants 2025, Trescha se distingue por una experiencia que pone la cocina en primer plano. La propuesta se desarrolla alrededor de una barra para 11 comensales, desde donde es posible observar el trabajo de los cocineros e interactuar con ellos. A esto se suma una Test Kitchen dedicada a explorar fermentaciones, técnicas y nuevas combinaciones. El resultado es una cocina en constante movimiento, con el producto argentino como punto de partida y una mirada personal como hilo conductor.
En una casa remodelada de Villa Crespo, Trescha construye su identidad alrededor de una idea: encontrar nuevas maneras de expresar la gastronomía argentina. El espacio combina una ambientación contemporánea con una barra que acerca a los comensales al trabajo de la cocina. Allí, cada preparación forma parte de un recorrido pensado para descubrir distintos sabores y técnicas.
La experiencia gira alrededor de un menú degustación de 14 pasos, disponible de miércoles a sábados en dos turnos, a las 18:30 y a las 21:45. En lugar de una carta extensa de platos para elegir, la propuesta invita a dejarse llevar por una secuencia que refleja las búsquedas del equipo y los productos con los que trabaja.
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Crédito: Sofia Falke
La cocina parte de la diversidad del territorio argentino. Desde el sur hasta el norte, los ingredientes expresan distintas geografías, costumbres y climas. Trescha trabaja con más de 350 productores del país y construye sus platos a partir de esa variedad, que combina con recetas de otras culturas, técnicas aprendidas durante viajes y sabores que forman parte del recorrido personal del chef.
La investigación también ocupa un lugar central. En la Test Kitchen, el equipo prueba ingredientes, explora fermentaciones y desarrolla nuevas preparaciones. Algunas ideas encuentran su lugar rápidamente en el menú; otras requieren meses de trabajo. Incluso después de incorporarlas, el equipo continúa ajustándolas. La búsqueda apunta a que cada plato tenga equilibrio, sentido y, ante todo, que esté rico.
Una sucesión de platos que invita a salir de lo conocido
Fuimos recorriendo el menú paso a paso, con la expectativa de descubrir qué combinaciones había pensado el equipo para esta experiencia. Empezamos con langostinos con membrillo, huevas y nori, un primer bocado que reúne el universo marino con notas frutales y referencias a la cocina japonesa. Después llegó el mejillón con kimchi y albahaca, una combinación que cruza el sabor del mar con el carácter fermentado del kimchi y el perfil aromático de la hierba fresca. Desde el comienzo, Trescha deja en claro que su propuesta no busca seguir un camino previsible: cada plato abre una nueva posibilidad de combinar ingredientes.
La berenjena con limón y queso toscano suma otro registro al recorrido, combinando la acidez cítrica con la intensidad del queso. La elección de ingredientes habla de una cocina que no depende exclusivamente de productos sofisticados para construir una propuesta interesante, sino que también encuentra posibilidades en vegetales y sabores conocidos. Lo importante está en cómo se relacionan entre sí y en la búsqueda de una combinación que tenga sentido dentro del plato.
A medida que avanza el menú, aparecen cruces cada vez más diversos. El wagyu con shiso y frutilla pone en diálogo una carne reconocida por su marmoleado con una hierba aromática de la cocina japonesa y una fruta que introduce otro registro. Después llega el róbalo con lechuga de mar y bergamota, donde los ingredientes marinos se combinan con una nota cítrica, seguido del repollo colorado con coliflor y caviar.
La secuencia continúa con trucha, bouillabaisse y pesto, una preparación que conecta el pescado con una referencia clásica de la cocina provenzal, y un fumet con perejil y manteca ahumada. Los ingredientes cambian, las referencias también, y el menú encuentra su hilo conductor en esa voluntad de explorar distintas formas de cocinar y presentar el producto.
El recorrido sigue con chernia, calamar y vainilla, una combinación que reúne dos productos del mar con un ingrediente más asociado a las preparaciones dulces. Luego aparece un consommé con amontillado, que incorpora el vino generoso español a una preparación clásica de la cocina.
Más adelante, el cochinillo con chimichurri madre lleva la experiencia hacia sabores familiares de la gastronomía local, reinterpretados dentro de un menú de pasos breves. La sucesión no se limita a reunir ingredientes poco habituales: también propone volver sobre referencias conocidas y descubrir cómo pueden convivir con otras técnicas y tradiciones.
Entre los platos que siguen aparecen el udon con maní y nduja, que cruza una pasta japonesa con un embutido picante de origen calabrés, y el milcao con quinoto y rábano picante, donde una preparación tradicional del sur de Chile se encuentra con un cítrico y un ingrediente de carácter intenso. Son combinaciones que sintetizan bien la mirada de Trescha: una cocina que toma referencias de distintos lugares, trabaja con productos diversos y los reorganiza desde una perspectiva propia. En lugar de encasillarse en una tradición, el restaurante construye su identidad a partir de esos cruces y de una investigación que continúa más allá de cada menú.
El menú sigue hasta el último bocado
El tramo final del menú mantiene el juego de contrastes, esta vez con preparaciones dulces que también se animan a salir de lo convencional. Pino limón, frambuesa y pandán reúne notas cítricas, frutales y aromáticas en una combinación que refleja la búsqueda creativa del equipo. Le siguen cacao con roquefort y alcaparras, un cruce que lleva un ingrediente clásico de la pastelería hacia el terreno salado, y calabaza con yuzu y coco, donde un producto cotidiano se encuentra con sabores de otras latitudes.
El recorrido termina con los petit fours, esos pequeños bocados que acompañan el final de una experiencia gastronómica de varios pasos. También en este último tramo aparece la filosofía de Trescha: explorar nuevas asociaciones, trabajar con ingredientes diversos y encontrar un equilibrio entre técnica, creatividad y sabor. Una propuesta que invita a mirar cada plato con curiosidad y que entiende la cocina como una búsqueda que nunca termina.
Trescha tiene una estrella Michelin y ocupó el puesto 36 de Latin America's 50 Best Restaurants en 2025. Sin embargo, más allá de los reconocimientos, lo interesante es acercarse a una propuesta que pone en diálogo el producto argentino, la investigación y una mirada personal sobre la cocina contemporánea.
El maridaje es parte de la experiencia
También hay distintas opciones de maridaje, con y sin alcohol, para acompañar el menú degustación. Entre las alternativas aparecen vinos como Ínsólito Albariño 2023, de Buenos Aires; Nassella Chardonnay 2022, de Mendoza; Los Dragones Syrah 2025, también mendocino; y Malamado Vintage 2020, del Valle de Uco. La selección acompaña el recorrido con etiquetas de distintas regiones del país.
Para quienes prefieren las opciones sin alcohol, la propuesta incluye preparaciones como Bosque rojo, con frambuesa, té rojo y coco; manzana y especias, con manzana verde, enebro y apio; pepino y burrito, con lima; y té de bodega, con manzana roja, uva verde y Darjeeling. Así, el maridaje también se integra a la experiencia como una exploración de ingredientes, aromas y combinaciones que acompaña los distintos pasos del menú.
La cocina, a pocos centímetros
Uno de los detalles que más distingue la experiencia es la barra. Sentados frente a la cocina, podemos observar parte del trabajo del equipo y seguir de cerca el movimiento entre un paso y el siguiente. La cercanía también abre la posibilidad de preguntar y conversar con quienes preparan los platos, algo que suma otra dimensión al menú.
Desde Trescha destacan que el objetivo no es explicar cada técnica, sino conseguir que la experiencia sea disfrutable en todos sus aspectos. La comida ocupa el centro, pero también importan la atención, la comodidad y el intercambio que se genera durante el servicio. En una propuesta donde cada preparación lleva detrás un proceso de investigación, esa cercanía permite asomarse al trabajo sin que la explicación se convierta en protagonista.
- Dirección: Murillo 725, Villa Crespo.
- Experiencia: menú degustación de 14 pasos.
- Días y horarios: de miércoles a sábados, a las 18:30 y a las 21:45.
- Reservas: a través de los canales oficiales del restaurante.
- Web: trescharestaurant.com/es-ar

